Mi blog...

Por fin me he decidido a crear mi propio blog. Fue un paso difícil, principalmente por razones de tiempo pero ya estoy en la red. La finalidad de este espacio es compartir mis escritos y hacer comentarios respecto de lo que quiero expresar.

Estimados Navegantes, espero disfruten la visita por "mi esquina literaria" que también tiene otros temas que pueden ser de su interés. Mis saludos.


domingo, 29 de enero de 2012

La venganza

Tadeo recogió sus cuadernos del suelo. Estaban llenos de polvo así que les pasó la manga de su camisa de un lado a otro para sacar el color plomo de las cubiertas. El resto de las personas le observaba con detención, esperando una reacción del muchacho ante la agresividad de la que había sido víctima. Sin embargo, el chico continuaba limpiando las cubiertas con prolijidad y ni siquiera tomando en cuenta a quién le había tirado sus pertenencias al suelo.

Frente a Tadeo había un joven mucho más grande que él en tamaño y en edad, el que le miraba desafiante y en posición de ataque.

-¡Vamos! ¡acá te espero! ¿no vas a hacer nada al respecto?

El muchacho seguía limpiando sus cuadernos y no respondió a la provocación verbal.

-¡No puedo creerlo! ¿Qué es lo que ve ella en ti? No veo que tengas algo fascinante ni nada por el estilo. Ni siquiera eres valiente… ¡eres un pelmazo! ¡un bueno para nada! ¡no tienes ni una gracia!

Tadeo le miró unos segundos y sin decir palabra alguna, se dio vuelta y salió de su vista.
El otro muchacho le miraba sin dar crédito a sus ojos.

-¡Se los dije! ¡es un cobarde! Ni siquiera luchó. No necesito conocerlo más para darme cuenta la calaña de tipo que es ¡no vale nada!

Las risotadas de los acompañantes del agresor de Tadeo fueron estruendosas. El muchacho ya había desaparecido de sus vistas pero sintieron la necesidad de marcar la burla aún más fuerte, por si andaba cerca o escondido detrás de algún pilar.

El grupo de jóvenes entró en el casino y siguieron la fila de las bandejas para sacar sus respectivos alimentos. Una vez sentados en sus mesas, siguieron comentando sobre lo sucedido y de cómo era posible que un tipo así impresionara a alguien.

De pronto, el agresor de Tadeo sintió que lo tomaban por el cuello y lo tiraban al suelo. De espaldas pataleaba y pedía ayuda a sus acompañantes que lo miraban impresionados y sin entender lo que sucedía.

-¡Ayúdenme! Algo me está tirando del cuello.
-Pero no vemos nada… ¿qué te sucede?

Repentinamente un segundo también cayó al suelo y se quejaba de lo mismo.

Los otros se asustaron y se levantaron de la mesa, la que empezó a vibrar con violencia. Los alimentos comenzaron a revolverse entre las bandejas y una de ellas salió volando y fue a dar a la cabeza de uno de los que se habían levantado de la mesa. Al ver esto, dos de ellos comenzaron a correr, uno se tropezó de la nada y cayó al suelo siendo arrastrado por el piso hasta llegar a la mesa donde todo sucedía. El otro alcanzó a llegar hasta la puerta y de pronto sintió que lo tiraban de un brazo, comenzó a gritar desesperado pidiendo ayuda, mientras el resto de las personas que estaban en el casino no podían creer lo que veían. El agresor de Tadeo logró liberarse de lo que lo sostenía en el suelo y se levantó, comenzó a correr y de pronto sintió una fuerza grande que lo levantó y lo lanzó hacia afuera del casino, cuando logró ponerse de pie gritando despavorido, volvió a sentir esa fuerza extraña que nuevamente lo levantó y lo arrojó contra la pileta del patio de la universidad. Ahí se quedó unos minutos tratando de calmarse para luego salir de ahí desorientado, se arrastró un poco hacia afuera y levantó la cabeza.

Todas las personas en el patio de la universidad lo observaban atónitas. El no podía creer lo que había sucedido, no había explicación lógica para todo eso.

Levantó la vista del suelo y varios metros más allá estaba Tadeo. El muchacho agresor sintió un tremendo escalofrío que recorrió su cuerpo al verlo.

Tadeo le miraba con expresión de satisfacción y le sangraba la nariz. Eso no parecía importarle ni molestarle porque se limpió con su manga y en un abrir y cerrar de ojos, Tadeo ya no estaba ahí, sino que a su lado. Se agachó y le tendió la mano para ayudarle a levantarse.

El muchacho agresor comenzó a tiritar de miedo y no quiso aceptar su ayuda.

Tadeo se encogió de hombros, sonrió y antes de alejarse tranquilamente, le dijo:


-Eso se llama telequinesis… y ahora dime, ¿cuál es tu gracia?



FIN

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